sábado, 13 de febrero de 2010

Valorar a los demás


Valorar a los demás
Cuentan de dos amigos marineros que viajaban en un buque carguero por el mundo. Un día atracaron en una isla del Pacífico, y al poco de llegar al pueblo se cruzan con una mujer que está arrodillada en un pequeño río lavando ropa. Uno de los marinos se quedó prendado al verla, comienzó a hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres... y se fue enamorando. Tanto, que según la costumbre fue al padre de la chica con su intención de casarse con ella. El padre le dice que en esa aldea la costumbre era pagar como dote por las mujeres más valiosas 9 vacas, y a medida que tenían menos cualidades iban disminuyendo… la que vio haciendo trabajos más bajos, lavando, por no ser tan agraciada, le podría costar 3 vacas. “Está bien” respondió el hombre, “pero pago por ella nueve vacas”. El padre pensó que estaba un poco loco, naturalmente aceptó las 9 vacas y después de los preparativos se casaron, y su amigo fue testigo de la boda y a la mañana siguiente partió en el barco, dejando al otro en la isla. Después de varios años, volvió con su barco por aquella isla, ansioso por ver al amigo, y pensaba: “¿Seguiría en la isla o tal vez se habría ido en otro barco?” De camino al pueblo, se cruzó con un cortejo festivo que cantaba hermosas canciones mientras acompañaban a un grupo de mujeres que llevaban en andas a una mujer bellísima, iban regando el camino con pétalos de flores y a él mismo le obsequiaron con una guirnalda. Llegó a casa del amigo al que abrazó y le preguntó por su vida: “-¿Y como está tu esposa?” -“Muy bien, espléndida. Es más, creo que la viste llevada en andas por un grupo de gente en la playa que festejaba su cumpleaños”. Al no coincidir con la imagen de la chica insulsa que recordaba lavando ropa, preguntó: “¿Entonces, te volviste a casar?” -“Es la misma,” dijo. –“Pero”, insistió el marinero, “es muchísimo más hermosa, femenina y agradable,  ¿cómo puede ser?” -“Muy sencillo” respondió su amigo. “Me pidieron de dote 3 vacas por ella, y ella creía que valía 3 vacas. Pero yo pagué por ella 9 vacas, la traté y consideré siempre como una mujer de 9 vacas. La amé como a una mujer de 9 vacas. Y ella se transformó en una mujer de 9 vacas”.
Cuando alguien nos valora y nos estimula, con sinceridad y amor, obramos cambios impensados...  ¡Qué importante es que las personas sepamos valorar la fuerza y belleza interior de los demás, en sus capacidades y cualidades, en su inteligencia y capacidad de amar!, entonces las personas se sienten reconocidas, su corazón les revela este magnetismo mágico que inspira la confianza... y se da el cambio. En una vieja película, un protagonista le pregunta a otro: -“¿cómo es que esa mujer tan vulgar a ti te trata tan bien?” Y contestó el otro: “-Es que yo la trato como una señora”. Lo que perdura a través del tiempo son esos sentimientos que descubren el ser maravilloso que por dentro tenemos todos... por eso ve y busca a quien valora tu sonrisa, a quien se deslumbra con tu mirada, a quien te haga sonreír, quien te lo dé todo sin pedir nada a cambio, quien sepa sanar tu corazón herido, quien jamás te haya traicionado, quien nunca te ha decepcionado... Esa persona que sabe escuchar y a quien podemos decir: gracias, contigo me siento bien, tu sonrisa alegre i serena me transmite confianza en mí mismo, con tu mirada me dices siempre “aquí estoy para servirte… no te preocupes que saldrás adelante…”, tú sanas todas mis heridas... me das la fe que necesito para dar mucho más de lo que yo pensaba, la confianza da fuerzas para sacar aquello que quizá parecía imposible… damos más con agradecimiento a quien nos ha ganado, pues con él sabemos que podemos.
Llucià Pou Sabaté
 
 

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