jueves, 11 de marzo de 2010

El auterotismo: tratamiento pastoral


El auterotismo: tratamiento pastoral
“La sexualidad no es una facultad humana cualquiera, sino un don que hay que respetar de acuerdo con la intención del Creador, que ha querido dar al hombre la posibilidad de expresar la riqueza de su ser. En este campo delicado, más que en ningún otro, la conducta humana no puede fragmentarse dejándose arrastrar por cualquier soliticación del momento, sino que debe adecuarse a la estructura profunda de su ser, para poder crecer en la plenitud de la comunión personal”. J. Ratzinger introduce así un documento que la Congregación para la Doctrina de la Fe ha considerado útil publicar, como explica su Secretario el Arz. Angelo Amato: “la situación actual y la persistente crisis de la moral empujan a una atenta lectura de este apoyo para responder más adecuadamente a los desafíos de hoy día”. En uno de los artículos, Miguel Benzo comenta: “El grave desorden moral de la masturbación se basa, fundamentalmente, en su carácter de acto sexual imperfecto e insatisfactorio, ya que excluye la orientación esencial para servir de lenguaje del amor y de medio para la procreación. De hecho, la psicología y la experiencia pastoral se encuentran de acuerdo en que la sexualidad solitaria deja ordinariamente un sentimiento de vacío profundo y de soledad”, busca urgencia de relaciones improvisadas y escandalosas: la ausencia de relación afectiva puede empujar a otros desórdenes “más serios y comprometedores”.
“¿Cuáles son los motivos profundos de una masturbación habitual? En muchos casos, la fuga de una existencia a la que no se encuentra sentido o que resulta contrastante y dolorosa”. Téngase en cuenta que Freud reveló el vínculo de la sexualidad con el ‘impulso de muerte’, con el deseo de ‘volver al estado inorgánico’. “Se encuentra en jóvenes que fracasan en sus estudios o en el trabajo, o que viven en familias en conflicto, y que se refugian en un estado de constante descarga nerviosa, en la que, como decía uno de ellos, ‘nada importa, nada’. Se trata, por tanto, de una motivación similar a la que, para otros, lleva al alcohol y a la droga”.
¿Cuál es la medicina pastoral adecuada para esas personas, especialmente jóvenes, que practican habitualmente la masturbación? “Sería, ciertamente, un error muy grave inculcar ellos un fuerte sentimiento de culpa, que sería capaz de destruir cualquier estímulo de vida y producir un permanente complejo de inferioridad e incapacidad, como sucede con tanta frecuencia. No se debe olvidar que casi todos los adolescentes, incluyendo aquellos que lo ocultan bajo una máscara de cinismo, sienten la irrupción de la sexualidad como algo misterioso y amenazante que les domina y humilla, revolviendo el interno de su personalidad”. Rilke ha descrito con mucha profundidad esta experiencia en la tercera elegía de Duino. “No resulta ni siquiera insólito, desgraciadamente, que educadores poco equilibrados e incapaces busquen, más o menos conscientemente, fomentar en los jóvenes sentimientos de culpa que violentan su intimidad y les mantienen en una perniciosa situación de dependencia y de sumisión con respecto a ellos. Quien ha dedicado buena parte de la propia actividad pastoral a estudiantes universitarios sabe bien cuántos sienten la necesidad de librarse de un sentimiento asfixiante de culpabilidad, que ha sido el factor desencadenante de un proceso que les ha llevado a romper con la fe religiosa que parecía proteger ese sentimiento”. Es por tanto inadecuado decir que lo malo es bueno, como también crear tabús y agobiar a la gente: “Considero, por tanto, que el único tratamiento pastoralmente eficaz es intentar abrir horizontes a esos jóvenes hacia expresiones verdaderas de la afectividad y hacia deberes culturales, profesionales, sociales y religiosos que den sentido a su vida”.
Llucià Pou Sabaté

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