miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hoy has abierto tu corazón...

Hoy has abierto tu corazón, y tu casa, a los que lo han necesitado. Y no has pedido nada a cambio. Dicho así, suena como algo extraordinario, y difícil de llevar a cabo, en este mundo individualista en que vivimos, en esta sociedad egoísta que busca satisfacciones instantáneas, como si de un servicio de messenger se tratara: quiero sentir amor hoy entre 11 y 12 de la noche, le doy al correspondiente botón, el de teleamor, y...voilà! Necesito ayuda para mudarme y...un momento, ese botón de teleamigos de alquiler, sí, estupendo, si no tienes a nadie, no te preocupes, no estás solo en el mundo (aunque en realidad sí que lo estás, si no tienes dinero para pagar...), en seguida te llegan a casa tres nuevos "amigos" dispuestos, por un módico precio, a ayudarte con los trastos de la mudanza...




¿Es que acaso te despiertas ahora de un mal sueño? No, el mundo, muchas veces, no ve más allá de sus propias narices...



Pero tú has roto el círculo: has dado tu tiempo, has dado tu fuerza física, has dado tu conocimiento y tu información, has dado tu compañía, has dado tu sonrisa, todo aquello que la mayoría nos guardamos tan celosamente, como si lo fuéramos a necesitar en momentos de vacas flacas, como si estuviéramos de por vida obsesionados con tener la despensa bien aprovisionada.



Y no nos damos cuenta de que, algún día, nos llegará el momento del último viaje, aquel que se hace sin equipaje, todos viajando en la misma clase, y sin billete de vuelta...



Tú no has calculado que hoy te quedabas sin nada, no has reservado nada para mañana, por si acaso... no has sido previsor como la hormiga, para muchos habrás sido un imprudente, por abrir tu corazón, por abrir tu casa.



¿Cómo es posible ir tan contracorriente? ¿Hay que estar hecho de una pasta especial? ¿Es necesario ser diferente, mejor, más santo? ¿No te das cuenta de que la gente te mira con recelo, de que asustas a algunos, de que podrías quedarte solo?



Tú conoces el secreto: el secreto está en Su Paz. La que nos anunció ya antes de irse, y que nos dejó como el mejor don. Sin esa paz en el corazón, es inútil esforzarse en ser feliz, o intentar hacer feliz a alguien. Esa paz que se contagia, que se escapa por los poros, que está hecha de un material cuya densidad la hace capaz de ser recortada en pequeños bombones, bombones que regalar luego en bonitas cajas decoradas con enormes y vistosos lazos de colores, con tarjeta y dedicatoria, acompañando cada latido de tu corazón, tu corazón lleno de paz.



Hoy has vivido el mejor regalo, Su Paz. No quieres que termine el día sin dejar constancia de lo que has sentido en tu tejido más íntimo. Y mucho menos podrías irte a dormir sin antes haber abierto todas esas cajas llenas de paz empaquetada y lista para regalar. Pasen y vean. Pero no sólo miren: pasen y sírvanse, por favor, compartan esa paz que tú has recibido en tu corazón, simplemente por vivir de fe, por creer creyéndote lo que crees, por imaginar, aun sólo por un momento, que lo que crees ya es realidad, una hermosa y “real” realidad, sí, que se superpone a los momentos bajos que todavía vendrán, que los viste de blanco, de blanca paz.



“La paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo la da yo os la doy. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde…” (Jn 14, 27)

cristina moreno alconchel

2 comentarios:

  1. Tenía que llorar al volver a leerlo. Echo de menos tener a alguien así, que se vacíe por mí. Que me arrime el hombro, aunque sea virtualmente, para que pueda descansar mi corazón abandonado a la intemperie de la soledad más sobrecogedora.
    Aun así, aun llorando, puedo ver que es sólo una nube de tristeza que me rodea, que rodea a los míos... Pero la paz del Señor, que anida en mi corazón, me ha hecho impermeable a esa tristeza. Y con la compañía de esa paz que no es de este mundo puedo seguir mi camino.
    Pero, ¡cuánto echo de menos ese hombro amigo!

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  2. Son palabras bonitas, que llegan hondo, porque tocan el alma, y responden a la amistad profunda... Llucià Pou Sabaté

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