viernes, 26 de febrero de 2010

La necesidad apremia... hoy, nos falta capacidad de frustración



¿Por qué antes se superaban todos los obstáculos, y hoy todo son impedimentos? ¿No será que ha bajado mucho el nivel de frustración, y lo queremos todo hecho, fácil, crecemos como churros, con poca capacidad de sacrificio? Es algo para pensar. Mientras, la alegría de la vida de algunos pueblos nos admira... ¡Viva la gente! llucià pou sabaté

jueves, 25 de febrero de 2010

El caballero de la armadura oxidada


El caballero de la armadura oxidada

El caballero de la armadura oxidada
“Vivía un caballero que pensaba que era muy bueno, generoso y amoroso... luchaba contra todos sus enemigos, que eran malos, mezquinos y odiosos. Mataba dragones y rescataba damiselas en apuros... tenía la mala costumbre de rescatar damiselas incluso cuando ellas no deseaban ser rescatadas... Y ante la mera mención de una cruzada, el caballero se ponía la armadura entusiasmado, montaba su caballo y cabalgaba en cualquier dirección”. La cita es de Robert Fisher, “El caballero de la armadura oxidada” (Barcelona 1997). Lo malo del caballero en cuestión es que enamorado de su armadura acabó por no quitársela nunca. Es una metáfora de quien se va cerrando en su mundo, por no enfrentarse a la realidad. Vive metido en su coraza, sin ver las preocupaciones de los demás, incluso cuando está “el caballero enlatado” con la familia o los amigos no para de dar “la lata”: suele recitar monólogos sobre sus hazañas. Julieta es la mujer del caballero de la novela, era su mujer, y un día ella le dijo que no la quería, que estaba amargada; él le dijo que sí que la amaba y que por eso la había rescatado, pero ella contestó: “no me amas, lo que tú amabas era la idea de rescatarme. No me amabas realmente entonces ni me amas realmente ahora”. Él, por supuesto, no entendía nada, pues él “sabía” lo que ella necesitaba, y con esto debía bastarle a ella. No basta con que queramos ayudar a los demás, hacerles servicios. Pasa que hay quien piensa que en el fondo no necesita de los demás, y esta “misión” que siente de ayudar a los otros quizá es un modo de sentirse útil, pero no hay ahí realmente amor a los demás, sino egoísmo. El caballero estaba atrapado en su visera metálica que le impidió ver a los demás; y por la cortedad de su visión iba pisando con su armadura de hierro los pies de los demás; no sentía el dolor de los demás.
La vida es como probar una fruta amarga al comienzo pero después apetecible, la vida es buena cuando se acepta, cuando no se huye bajo armaduras ni corazas. A veces nos pasamos la vida huyendo ante las dificultades, pensamos que todo es una conquista y en realidad es un don; pero para descubrir la vida como un don hay que sentirse aceptado.
El “caballero” encerrado en la armadura que somos todos, estaba en realidad usando a los demás, los necesitaba para mostrarse bueno y rescatarlos, pero como no se amaba no podía amar a los demás. Es necesario verse en el espejo de la verdad, y descubrirse amable, y hecho para el amor, para ver ese potencial hermoso, inocente y perfecto que hay dentro de cada uno. Estamos acostumbrados en un mundo algo hipócrita a esconder los sentimientos y no decir lo que nos pasa... pasamos la vida intentando agradar a la gente, y montamos cruzadas y matamos dragones por fuera cuando los que hemos de batallar son los de dentro. En lugar de intentar demostrar que somos buenos y generosos “rescatando damiselas”, el caballero descubre que la ambición mata cuando nos hace pretender ser mejores que los demás, no hemos de demostrar nada sino ser felices siendo simplemente como somos. Un caballero ambicioso quiere como casa el mejor castillo, y cambiar de caballo cada dos años y progresar... y así no vive. En realidad la felicidad está en ganar en riqueza interior: ser más generoso, compasivo, inteligente y altruista, eso es ser rico y ambicioso de verdad. La ambición mala es tener más y la buena es tener un corazón puro. Decía san Josemaría Escrivá que “más que en ‘dar’, la caridad está en ‘comprender’”, conocer al otro en sus afanes y sentimientos, ponerse en sus circunstancias, ver las cosas con serenidad... querer y dejarse querer. No se requiere competir con nadie, no hay que hacer daño a nadie; simplemente darse a los demás, como el manzano, que cuantas más manzanas coge la gente más crece el árbol y más hermoso se vuelve: así el hombre desarrolla su potencial para beneficio de todos, así progresan los que tienen ambiciones del corazón.
 
Autor: Llucià Pou Sabaté

jueves, 18 de febrero de 2010

Gente sin voluntad


Gente sin voluntad
Sándor Márai en su novela “La herencia de Eszter” (1939) narra de un modo imprevisible, con ritmo sorprendente, y tono pesimista lo inevitable que es el destino; cuenta la historia de una mujer soltera, que sufre la influencia de un hombre mentiroso y ladrón, Lajos, un aventurero para quien no hay bien ni mal, quien confiesa a su víctima Eszter: “yo siempre he sido un hombre débil. Me hubiese gustado hacer algo en este mundo, y creo que disponía de algún talento para ello. Sin embargo, la intención y el talento no son suficientes. Ahora ya sé que no son suficientes. Para la creación, hace falta algo más... una fuerza especial, una disciplina; o las dos cosas juntas. Creo que es a esto a lo que se suele llamar carácter... Esa capacidad, ese rasgo es lo que me falta a mí. Es como una sordera. Como la sordera de alguien que conoce las notas musicales que está tocando, pero que no oye los sonidos. Cuanto te conocí, no sabía esto... tú fuiste... lo que me faltaba: mi carácter... una persona que no tiene carácter... es un inválido en el sentido moral de la palabra. Hay muchas personas así. Son seres perfectos en todos los sentidos, pero es como si les faltara un miembro, una mano o un pie. Luego, se les pone una prótesis y se vuelven capaces de trabajar, de ser útiles para el mundo”. Eszter es pasiva y débil, deja que le roben todo, pero Lajos en realidad es víctima de su vicio, es hoja al viento de las circuntancias y de sus pasiones.
Hay gente sin voluntad, que son dependientes de esa “prótesis”, una voluntad que desde fuera les dice lo que toca hacer. Son como cabestros, tienen un carácter amorfo. Se trata de un tipo de gente "bondadosa", es decir simpáticos en principio pero sin palabra, variables y carecientes de toda iniciativa personal, de todo recurso; en estilo pintoresco se les llama veletas, porque se inclinan hacia donde sopla el viento. Un saco de harina no tiene movimiento propio, mas opone, al menos, una resistencia, su peso, a los esfuerzos de los que desean trasladarlo. Pero aparte de esto, no presentan resistencia. Obedecen sin reacción a todos los impulsos recibidos; esclavos de impulsos exteriores que los mueven, su sumisión es instintiva, casi animal. Magníficos caballos percherones, con ojos soñolientos y orejas caídas. Se les tira de la brida hacia la derecha y, pesadamente, se vuelven hacia la derecha; y con la misma pesadez soñolienta, si se les tira hacia la izquierda se vuelven hacia allá. Se les tira de ambos lados y se paran, y permanecen así sobre sus cuatro patas durante horas enteras, inmóviles hasta que alguien les pone en marcha.
Gente así, sin personalidad, no vive su vida interior que no tienen. Sus determinaciones les vienen desde fuera: su educación, su religión, su carrera, su matrimonio, todo es asunto de sus padres. Todo depende del cabecilla de turno. Sin ideal, pasarán la vida repitiendo lo que dice el periódico; practicarán la religión si así lo hacen por su alrededor (familia, colegio...); aúllan con los lobos y balan con los borregos.
¿Cómo se llega a este punto? Muchos, por nacimiento; otros, por pereza. Les asusta el esfuerzo. La servidumbre al que manda no les es agradable, pero mucho menos el trabajo que exige una vida personal: mejor dejarse llevar. El horror al trabajo y el placer por la indolencia los ha llevado a dejarse gobernar por las circunstancias y por los caprichos de los que les rodean. Pero en una cosa está equivocado Márai: el destino no es irrevocable, sino –como dice S. Tamaro en “Tobías y el ángel”- un proyecto, un sueño. Es como un puente: puedes ir al otro lado cuando lo has construido, y allí está lo que buscas. “Sin proyecto, el destino se te escapa de las manos como una cometa en un día de viento", y uno elabora este sueño con su voluntad. El destino es una especie de largo ovillo de lana. Este ovillo poco a poco se desenrolla y construye la vida. A veces corre liso, a veces forma nudos. Lo importante es tener siempre el extremo en la mano. Un cabo de madeja está en el puño del hombre y el otro está allá arriba, apretado en la mano infinita del creador... el camino que nos lleva a encontrarnos a nosotros mismos”. Los que no luchan, perezosos, “son prisioneros de su miedo. ¿Por qué tienen miedo? Porque creen que han equivocado el camino. Así se reprochan y añoran una vida que nunca ha existido... A menudo los hombres tienen miedo de la felicidad. Aunque la tienen delante de las narices no estiran la mano para atraparlo. La felicidad da más miedo que los ogros... La fuerza que desenrolla el ovillo es sólo una. ¿Cuál? La que mantiene el corazón caliente... la fuerza del amor”. Todo se puede arreglar con esa lucha ilusionada que nos proyecta hacia adelante: “no se vive del pasado; quién está siempre rumiando es como si llevara consigo una maleta de piedras”, aún de los fracasos sacamos fuerza para esa voluntad: “A veces tenemos que perder las cosas para entender su importancia... nada se pierde para siempre”. El problema es tener muchas preguntas y buscar las respuestas sólo a medias, no empeñarse con decisión a buscarlas hasta el final.
Llucià Pou Sabaté

sábado, 13 de febrero de 2010

La paciencia, ciencia de la paz


​La paciencia, ciencia de la paz
Hay momentos en la vida en que parece que a uno se le acaba la paciencia, ya no es capaz de seguir aguantando, y explota. Y con la gota que colma el vaso se acaban las fuerzas para seguir con un matrimonio, o cualquier otro compromiso, o los padres que pierden ya la confianza en sus hijos, y se proclaman expresiones como “esto es irreparable”, “se ha roto algo para siempre”, “ya nada será como antes”. Y viene la soledad, sensación de abandono, incertidumbre, desaliento: ante situaciones del mundo de la política, de la sociedad, del mundo laboral…, uno puede sentir derrumbarse algo por lo que ha luchado mucho tiempo, y se rompe todo en añicos en un momento. Es la fragilidad humana, la impaciencia que quiere seguir los criterios del mundo -muy distintos a las bienaventuranzas que promulga Jesús-: la eficiencia y el placer pasajero aún a costa de la mentira, el anhelo desmedido de éxito... Confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad, cuesta, pero vale la pena... La paciencia es un árbol de raíz muy amarga pero de frutos muy dulces (Fénelon). Así, la paciencia es el fruto maduro de la fortaleza, la paz-ciencia, ciencia de la paz. Como para los militares donde los demás vean dificultades sabremos intuir oportunidades, incluso crecernos ante ellas.
Ante los defectos de una persona, no hay que perder la calma diciendo “¡ya está bien, no puedo más!” pues ¿qué vamos a hacer con esta persona, matarla? No, hay que quererla tal como es, superando aquel defecto como un escollo y sabiendo que cada persona tiene cualidades ocultas, que sólo con el tiempo aparecen. Cuentan de una osa que dio a luz un pequeño cachorro horriblemente feo. “¡Ganas me vienen de estrangularlo!”, dijo la osa a la corneja: -“¡Guárdate de hacerlo!” -contestó ésta. “Yo he visto a otras osas pasar por lo mismo: ve y lame dulcemente a tu hijo y le verás hermoso y te honrará”. Así lo hizo la osa y se esmeró cuidándolo; y el cachorro, poco a poco, fue volviéndose hermoso, por eso le agradeció el consejo a la corneja: “-Si no hubieses moderado mi impaciencia hubiera rechazado al hijo que ahora constituye el placer de mi vida”. A veces parece que alguien no da para más, “no está el horno para bollos”, y la paciencia da sensibilidad para ver más allá del presente, y afrontar las contrariedades conservando la calma y el equilibrio interior, logrando comprender mejor la naturaleza de las circunstancias, es la “ciencia de la paz”, que genera armonía a su alrededor.
Me contaron en el Alcázar de Segovia que a una aya se le cayó el infante real que cuidaba, un niño pequeño, por el balcón, a muchos metros por encima de los jardines. Ella, desesperada, se tiró por el precipicio y se mató. El infante había quedado colgado de unos salientes, y lo rescataron. La aya se había “precipitado” en los dos sentidos de la palabra (impaciente y tirarse al precipicio). En el cerebro el pensamiento no es nunca objetivo sino ligado a las emociones, siempre influenciado por sentimientos y pasiones. A veces nos fijamos en algo sin visión de conjunto, absolutizamos un aspecto. Se me ocurre un ejemplo: cuando nos vienen con una historia algún profesional de la mentira, y nos creemos aquello al sentir la empatía con los problemas que nos cuentan, pero en cuanto han acabado y quizá hemos dado dinero a ese “necesitado”, y se va, aparece la distancia ante el problema, de modo menos emotivo, más cerebral, y nos parece que hay algo que no cuadra… tenemos la sensación de haber sido engañados. Esperar, tener distancia ante los problemas, ayuda a pensar mejor.
"El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres", decía Benedicto XVI en la homilía del comienzo de Pontificado: ante un pueblo rebelde, "los discípulos, hubieran deseado inmediatamente mandar caer fuego del cielo para consumirlos. Jesús los detiene y reprende. La impaciencia de los hombres no suele comprender la paciencia de Dios”.
Llucià Pou Sabaté

Valorar a los demás


Valorar a los demás
Cuentan de dos amigos marineros que viajaban en un buque carguero por el mundo. Un día atracaron en una isla del Pacífico, y al poco de llegar al pueblo se cruzan con una mujer que está arrodillada en un pequeño río lavando ropa. Uno de los marinos se quedó prendado al verla, comienzó a hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres... y se fue enamorando. Tanto, que según la costumbre fue al padre de la chica con su intención de casarse con ella. El padre le dice que en esa aldea la costumbre era pagar como dote por las mujeres más valiosas 9 vacas, y a medida que tenían menos cualidades iban disminuyendo… la que vio haciendo trabajos más bajos, lavando, por no ser tan agraciada, le podría costar 3 vacas. “Está bien” respondió el hombre, “pero pago por ella nueve vacas”. El padre pensó que estaba un poco loco, naturalmente aceptó las 9 vacas y después de los preparativos se casaron, y su amigo fue testigo de la boda y a la mañana siguiente partió en el barco, dejando al otro en la isla. Después de varios años, volvió con su barco por aquella isla, ansioso por ver al amigo, y pensaba: “¿Seguiría en la isla o tal vez se habría ido en otro barco?” De camino al pueblo, se cruzó con un cortejo festivo que cantaba hermosas canciones mientras acompañaban a un grupo de mujeres que llevaban en andas a una mujer bellísima, iban regando el camino con pétalos de flores y a él mismo le obsequiaron con una guirnalda. Llegó a casa del amigo al que abrazó y le preguntó por su vida: “-¿Y como está tu esposa?” -“Muy bien, espléndida. Es más, creo que la viste llevada en andas por un grupo de gente en la playa que festejaba su cumpleaños”. Al no coincidir con la imagen de la chica insulsa que recordaba lavando ropa, preguntó: “¿Entonces, te volviste a casar?” -“Es la misma,” dijo. –“Pero”, insistió el marinero, “es muchísimo más hermosa, femenina y agradable,  ¿cómo puede ser?” -“Muy sencillo” respondió su amigo. “Me pidieron de dote 3 vacas por ella, y ella creía que valía 3 vacas. Pero yo pagué por ella 9 vacas, la traté y consideré siempre como una mujer de 9 vacas. La amé como a una mujer de 9 vacas. Y ella se transformó en una mujer de 9 vacas”.
Cuando alguien nos valora y nos estimula, con sinceridad y amor, obramos cambios impensados...  ¡Qué importante es que las personas sepamos valorar la fuerza y belleza interior de los demás, en sus capacidades y cualidades, en su inteligencia y capacidad de amar!, entonces las personas se sienten reconocidas, su corazón les revela este magnetismo mágico que inspira la confianza... y se da el cambio. En una vieja película, un protagonista le pregunta a otro: -“¿cómo es que esa mujer tan vulgar a ti te trata tan bien?” Y contestó el otro: “-Es que yo la trato como una señora”. Lo que perdura a través del tiempo son esos sentimientos que descubren el ser maravilloso que por dentro tenemos todos... por eso ve y busca a quien valora tu sonrisa, a quien se deslumbra con tu mirada, a quien te haga sonreír, quien te lo dé todo sin pedir nada a cambio, quien sepa sanar tu corazón herido, quien jamás te haya traicionado, quien nunca te ha decepcionado... Esa persona que sabe escuchar y a quien podemos decir: gracias, contigo me siento bien, tu sonrisa alegre i serena me transmite confianza en mí mismo, con tu mirada me dices siempre “aquí estoy para servirte… no te preocupes que saldrás adelante…”, tú sanas todas mis heridas... me das la fe que necesito para dar mucho más de lo que yo pensaba, la confianza da fuerzas para sacar aquello que quizá parecía imposible… damos más con agradecimiento a quien nos ha ganado, pues con él sabemos que podemos.
Llucià Pou Sabaté
 
 

jueves, 11 de febrero de 2010

Domingo 5º, ciclo C: el Señor nos llama porque Él es bueno, y aunque nos creamos que somos malos, Él nos pide que no tengamos miedo, ya se encarga de


Domingo 5º, ciclo C: el Señor nos llama porque Él es bueno, y aunque nos creamos que somos malos, Él nos pide que no tengamos miedo, ya se encarga de hacernos buenos, sólo nos pide buena voluntad.
1. Isaías dice: “vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Y vi serafines en pie junto a él. Y se gritaban uno a otro diciendo: -¡Santo, santo, santo, el Señor de los Ejércitos, la tierra está llena de su gloria!” Una vez un niño me dijo: “yo he visto a mi ángel” y le contesté: “¡qué suerte tienes, porque yo no lo he visto nunca…” pues nuestro profeta se asustó: “estaba lleno de humo. Yo dije: -¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los Ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: -Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado”. Y ya se animó a hacer de profeta, a ser amigo de Dios y ayudar a los demás: “Entonces escuché la voz del Señor, que decía: -¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí? Contesté: -Aquí estoy, mándame”. Este año de rezar por los sacerdotes hemos de pedir que muchos escuchen la voz de Dios, que digan “¡aquí estoy, mándame!”… cuando vamos a Misa, en la liturgia, la Iglesia de la tierra se une a la del cielo, y podemos conectar con nuestro verdadero Templo que es Jesús que está a la derecha del Padre hablando de nosotros que es lo que le gusta, y nosotros seguimos con miedos: "¡Ay de mí!", cuando lo que él quiere es que le pidamos cosas con el Padre nuestro, y que al cantar el "Santo" pensemos que estamos también ahí…
2. El Salmo reza: “delante de los ángeles tocaré para ti, Señor”. Es bueno tocar la guitarra o la flauta… y cantar al Señor, y saber que nos escuchan los ángeles. Sobre todo cuando vamos a rezar a
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la iglesia, tener el respeto de comportarnos con gran cuidado de estar para Dios y no para jugar o hablar con el de al lado: “Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti, me postraré hacia tu santuario. Daré gracias a tu nombre por tu misericordia y tu lealtad. Cuando te invoqué, me escuchaste… canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande…” ¡La gloria del Padre! Es lo que rezaba Jesús, y también nosotros: "Santificado sea tu nombre, venga tu reino". "Que vuestra luz brille ante los hombres, para que viendo vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos". Adorar es muy importante, porque nos carga las pilas de amor, nos da vitaminas para luchar, de “buen rollo” y confianza: “Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”. El Señor tiene unos planes muy buenos para cada uno, estamos en buenas manos: Tú me has dado deseos de cosas grandes; concédeme que esos deseos se hagan realidad. No me falles, Señor…
3. San Pablo cuenta su vocación, recuerda “que Cristo murió por nuestros pecados… resucitó” y es muy bonito ver cómo han vivido las apariciones de Jesús con cuerpo glorioso: “se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los Apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí”. Y “esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído”. Hoy también hay muchos que no creen, que piensan que no hay resurrección: qué pena, porque no tienen esperanza, no saben que después de la muerte está el cielo… hemos de hacer como S. Pablo, abrirnos al don de Jesús que nos llama en el camino de la vida, que está a nuestro lado, a pensar de que nos veamos poca cosa, lo importante es que Él nos ama.
4. Es lo que nos dicen las lecturas de hoy, también el Evangelio: nos cuenta que “la gente se agolpaba alrededor de
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Jesús para oír la Palabra de Dios” y en el lago de Genesaret estaban lavando las redes Simón con otros, y subió y “desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: -Rema mar adentro y echad las redes para pescar”. Como el mar era donde habitaban los miedos y cosas malas, significa que no tengamos miedo, porque con Jesús no nos pasará nada malo. “Simón contestó: -Maestro nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes”. Esto son las malas experiencias, y la fe nos lleva a volver a repetir las cosas sin desanimarnos, porque así nos volvemos fuertes.
Algunas veces, cuando escuchamos la palabra del Señor, tratamos de utilizar nuestro intelecto para descifrar su voluntad, cuando en realidad Dios solo nos pide obediencia y fe en él. Debemos ejercitar nuestra fe, que mueve montañas, pero conscientes de que es Dios quien al final logra moverlas. Cuando todo parezca ir mal... sólo EMPUJA! Cuando estés agotado por el trabajo... sólo EMPUJA! Cuando la gente no se comporte de la manera que te parece que debería... sólo EMPUJA! Cuando la gente simplemente no te comprenda... sólo EMPUJA! Cuando te sientas agotado y sin fuerzas... sólo EMPUJA! Hay rocas imposibles de mover o de cambiar. Tal vez ESA no es nuestra misión.
Pedro y los demás, “puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: -Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. También nosotros podemos sentirnos pecadores, pero queremos amar a Jesús, que ha nacido para mí la noche de Navidad, ha muerto por mí en la Cruz, ha resucitado para mí en la Pascua, y me acompaña con el Espíritu
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Santo en los sacramentos, en la Iglesia, en los demás, y me quiere con Él para siempre en el cielo… y si me llama me da la fuerza, las vitaminas, los alimentos, para seguirle, aunque a veces me desanime, me entre miedo: “Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zedebeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: -No temas: desde ahora, serás pescador de hombres”. Jesús me dice que no tenga miedo, que hay sufrimiento, cruz, pero que la cosa acaba bien, que vale la pena responder como los apóstoles: “Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron”. Y así podremos decir con la Virgen María: me llamarán feliz, pues ha hecho maravillas conmigo Aquél que es todopoderoso. Amén.

martes, 2 de febrero de 2010

"Que bello es vivir"


"Que bello es vivir"
El primer domingo de febrero es la Jornada a favor de la vida. Robyn Bowen es una mujer de Washington que en 1980 acudió a una Clínica en Rochester para ser atendida de una enfermedad al riñón mientras estaba embarazada. Recuerda cómo los doctores le dijeron llevar el embarazo hasta el final podría perjudicarle e incluso ponerse en peligro de muerte. Pero ella no quiso abortar, no dudó: "Supe desde el primer día que Dios me había bendecido al permitirme tener a Brandon", que así llamó a su hijo. Robyn dio a luz y continuó con su vida de diálisis y medicamentos, y salvó su vida por no abortar, pues cuando estaba enferma de muerte si no recibía un riñón compatible, le salió un donante muy especial. Veinte años después de su alumbramiento, su hijo se ofreció para donarle un riñón.
"Mi cuerpo no es realmente mi cuerpo -afirma Brandon, el hijo-, a lo que me refiero, es que este no es mi riñón realmente. Es como el deseo de Dios y algo que necesitaba hacer". Su madre afirma: "él estaba muy seguro de que eso era lo que Dios quería que hiciera, por lo que fue el único motivo por el que le permití hacerlo". Orgulloso de salvar a su madre, seguía diciendo Brandon: "Tu no sabes lo que la vida de un niño pueda lograr en el futuro... Él podría ser el presidente, o tal vez podría encontrar la cura para el cáncer o algo así. Uno nunca sabe. Yo sólo pienso que todo niño debería tener una oportunidad".
Defender el derecho a la vida desde la concepción, dice el Papa, es un "servicio precioso a la vida, valor fundamental en el que se reflejan la sabiduría y el amor de Dios... El respeto de la vida, desde su concepción al ocaso natural es un criterio decisivo para valorar la civilización de un pueblo".
También me impresionó la noticia, de enero de este año 2001, de un niño que acabó la gestación estando su madre muerta: un accidente de tránsito causó la muerte de una mujer embarazada con seis meses de gestación, y con la ayuda de los médicos se logró salvar la vida del bebé, quien se ha convertido en un fuerte grito por la vida. Esto sucedió en Colombia, precisamente donde se prepara la comercialización de una píldora abortiva. La madre se llamaba Sandra Patricia Tigreros. Como decía Séneca, "el hombre es cosa sagrada para el hombre", y añadía su discípulo Aristóteles que "el embrión humano es algo divino, en tanto que es un hombre en potencia" (el cristianismo amplía mucho estas perspectivas).
La vida es el derecho primero sobre el que vienen todos los demás derechos de la persona. Precisamente todos los grandes males de la historia reciente vienen de dar más importancia a la eficacia en lugar de la persona. Los males vienen por preguntarse "¿compensa o no compensa el respeto a esa persona?" es decir, "¿qué beneficios o perjuicios me supone tal acción?". Sin darnos cuenta, vamos hacia una "existencia cosificada": siempre que se use a alguien como un medio, en lugar de quererla como un fin en sí misma, hay esa cosificación de las personas. Y esto tanto en la proyección de una guerra, sacrificando soldados o eliminando "enemigos". Vivimos en un sistema que promueve un Estado del bienestar y cuando hay conflicto entre nuestra comodidad y el respeto hacia una persona se puede optar por la comodidad. Pienso por ejemplo en dejar morir ahogado un inmigrante en el puerto de Barcelona, dicen que los que miraban no hicieron nada. Otras veces son las presiones agobiantes que llevan a una mujer a abortar, y en este caso la ignorancia puede ser mayor porque no se ve al niño morir.
En una jornada a favor de la vida, habría que cantar con sencillez aquello de "viva la gente, la hay donde quiera que vas; viva la gente, es lo que nos gusta más; con más gente, a favor de gente, en cada pueblo y nación... habría menos gente difícil, y más gente con corazón..." hoy habría que evitar polémicas, construir una canción de esperanza a favor de la vida. La vida de los que han nacido y están maltratados en tantos sitios, y la vida de los que no han nacido, y de los que van a nacer, para que encuentren una vida digna.
La violencia, el aborto y tantas formas de ataque a la vida tienen causas sociales y psicológicas, son una salida traumática a unos problemas aún más traumáticos. Son manifestaciones patológicas de una situación difícil, y más que discutir cómo arreglar esos efectos hemos de analizar las causas y curar la enfermedad.
A nivel de valores, pienso que hemos de defensar que la vida es un bien, que se nos ha sido dado y que hemos de respetar, nadie es árbitro de la vida humana ya existente. Habría que hablar más de la belleza de vivir, como hace el Evangelio y algunas películas son sugerentes en este punto: por ejemplo, "Qué bello es vivir", "La vida es bella", "Sonrisas y lágrimas", "Solas", "El abuelo", por citar sólo algunas.
Llucià Pou i Sabaté

La familia, ¿algo superado?


La familia, ¿algo superado?
En una sociedad individualista, la plaga de la soledad va extendiéndose. Se ve más gente sola: mayores, niños, y la peor soledad, la acompañada, la existencia con alguien que no se soporta, pues como dijo Goethe: "la familia es tabla de salvación o sima de perdición". El ambiente en el que nos encontramos, sus formas culturales, provocan en nosotros esas preguntas: “¿La familia es tan esencial para la persona?”, y ante tanto fracaso familiar: “¿Cómo conseguir que no sea el matrimonio algo insoportable a la larga?”
Es verdad que hay dolor en muchos hogares, pero también es cierto que “los dolores abren una puerta a la profunda verdad sobre nosotros mismos” (P. Viladrich), y decía Chesterton que en el matrimonio puede haber tragedia, pero si el matrimonio se sostiene, la tragedia tiene sentido, no es absurda, no es para nada vana o baladí, sino que da muchos frutos. La vida en familia no es una cosa perfecta como si los esposos fueran dos relojes suizos, unas “máquinas perfectas”, sino que como en los ciclos vitales hay primaveras pero también otoños e inviernos… y la aceptación de las imperfecciones del otro es un paso hacia un amor maduro, se llega a aquel: “somos un desastre pero estamos juntos, en nuestra casa, y esto nos hace felices, podemos escribir una historia juntos”. Es como una pasión que lleva a no rendirse ante las dificultades, priorizar la protección de la familia. Y ésta es la mejor terapia para que los cónyuges y los hijos sean felices, no se encuentren solos. La separación es para casos dramáticos, pero es siempre el último recurso, ante el daño físico o moral grave, cuando la convivencia ya es imposible. Sin embargo, excepto esos casos, aunque mantener la familia suponga sacrificios para los esposos, es cuestión de amar a los demás, y sobre todo a los hijos: anteponerlos a lo que llamamos la "realización personal" egolátrica, saber que la solidez de la familia es para los hijos -y los esposos- la mejor prevención del síndrome de soledad.
Puede sonar a hipócrita, poco natural, esta búsqueda de reparar algo que se ha roto al parecer para siempre, o el intentar superar el engaño causado por el otro cónyuge, o aquella situación llamada “sin salida” a la que se ha llegado. Es más, se siente “injusta” una situación de convivencia falsa… pero dentro del teatro del mundo hay que hacer un poco de teatro, sabiendo que si separamos justicia de amor, queda la gran desgracia: injusticia con desamor, pues como decía Albert Camus, "sólo es tristeza -soledad- no ser amado y no amar. Lo que ocurre es que hoy nuestro mundo agoniza a consecuencia de esta desgracia: la larga reivindicación de la justicia ha desterrado el amor que, sin embargo, fue el que le dio nacimiento".
Y la prueba de que la “autenticidad” de tirarlo todo por la borda no funciona es ésta: estamos en un mundo lleno de hipocresía, donde los gobiernos están mandados por intereses económicos (que son la causa de las guerras de Oriente, etc.), donde las verdaderas motivaciones de muchas actuaciones no se dicen, donde no hay comunicación real sino marketing y ver cómo agradar. Y la misma fatuidad nos parece encontrarla en tantas estructuras y discursos con nombres de filantropía teórica… mientras vemos que el mundo está lleno de violencia, formas ocultas de agresividad. ¿Y cuál es la causa de esa patología, de esas formas de violencia y resentimiento? Apuntaré tres, sin excluir que haya otras: 1) el individualismo que rompe la dignidad de la persona, su relación con Dios y los demás, 2) una forma de egoísmo venenoso que relativiza todo, no cree en la verdad, se hunde en una existencia “cosificada”, es decir abierta sólo a llenarse de sensaciones vanas en una sociedad tecnológica; 3) una educación afectiva insuficiente, falta el hogar, es una sociedad sin amor. Una ley básica para esta educación del corazón es que la base de toda sociedad es que la persona tenga lo que llamamos “familia”. Y si falla, aparece frecuentemente la soledad existencial.
Llucià Pou Sabaté

lunes, 1 de febrero de 2010

Si lo amas, vete detrás de Él...



San Agustín:
Si lo amas, vete detrás de Él.
Lo amo, contestas, ¿por qué camino seguirlo?
Si el Señor Dios tuyo te hubiera dicho: “Yo soy la Verdad y la Vida”,
tu deseo de la Verdad y tu amor a la Vida te llevarían ciertamente
a la búsqueda del camino que te pudiera conducir a ellas y te dirías a ti mismo:
“Magnífica cosa es la Verdad y magnífica cosa es la Vida,
si existiera el camino de llegar a ellas mi alma”.
¿Buscas el camino? Oye lo primero que te dice: “Yo soy el Camino”...
Dice primero por dónde has de ir y luego adónde has de ir.
En el Señor del Padre está la Verdad y la Vida;
vestido de nuestra carne es el Camino.